La depresión es un trastorno de salud mental complejo que afecta a las personas y a la sociedad a gran escala. Es la segunda causa principal de discapacidad a nivel mundial. La investigación actual explora el vínculo entre la depresión y el microbioma intestinal.

La disbiosis del microbioma intestinal se ha relacionado con el uso de antibióticos, dietas ricas en azúcar y factores ambientales como la exposición a toxinas y factores de estrés social. En estudios, la exposición crónica a antibióticos condujo a una disminución en la diversidad y riqueza del microbioma intestinal. Esto coincidió con observaciones en comportamientos depresivos y niveles alterados de compuestos integrales a sistemas de neurotransmisores como 5-hidroxitriptamina (5-HT), levodopa y desregulación en la síntesis y degradación de monoaminas.

La composición de los taxones dentro del microbioma puede tener una influencia directa sobre el estado de ánimo. Los niveles elevados de ácidos biliares se han relacionado con la estimulación del receptor X farnesoide, que atenúa la producción del factor neurotrófico derivado del cerebro (FNDC). El FNDC es una proteína que juega un papel importante en la plasticidad sináptica, la modulación del sistema nervioso, la formación de la memoria y el crecimiento, mantenimiento y supervivencia de las neuronas. Se han observado niveles reducidos de FNDC en estudios que involucran trastornos depresivos mayores. Las bifidobacterias juegan un papel en la hidrolización de las sales biliares y algunas cepas facilitan la oxidación de los ácidos biliares, lo que puede ayudar a mantener los niveles de FNDC. En un estudio que exploraba el papel de Bifidobacterium en la depresión, se demostró que Bifidobacterium disminuye los niveles de corticosterona sérica y revierte las deficiencias en 5-HT y FNDC.

Los ácidos grasos de cadena corta (AGCC) son producidos por bacterias a partir de fibra dietética en el microbioma intestinal. Un estudio evaluó los niveles de AGCC en individuos que experimentaban depresión y en aquellos que no tenían depresión. Las personas no deprimidas tenían generalmente niveles más altos de AGCC. 

El consumo de fibra también se investigó mediante cuestionarios y diarios de alimentos. El estudio señaló que las personas que tenían depresión ingirieron menos fibra, pero los resultados no fueron significativos y la ingesta de fibra no se correlacionó con los niveles de SCFA.

El vínculo entre el microbioma y la depresión todavía se está explorando ampliamente en la investigación farmacológica. La investigación actual indica que el eje intestino-cerebro merece consideración desde una perspectiva clínica. Los cambios en la dieta y la suplementación con probióticos pueden influir en la conexión entre el intestino y el cerebro y apoyar un estado de ánimo saludable.
 
Fuente: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/34047485/
 

Dr. Sergio Hernández

Médico Funcional Certificado

Fundador del Centro de Nutrición y Medicina Funcional (Polanco, Cd.Mx)

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